Estos días se está tramitando lo que parece el cierre definitivo de una de las empresas en las que he trabajado durante más tiempo. Me da mucha pena cuando hablo con alguno de mis ex-compañeros que ahora se enfrentan a un futuro incierto. En voces como la de Felipe o Gilberto encuentro un trasfondo de inquietud, una preocupación que se esconde entre los miedos más íntimos de la persona. A la vez denotan cierto alivio (incomprensible seguramente para quien no ha vivido una situación así), por fin se vislumbra una definitiva respuesta a ese ?¿hasta cuando?? que tod@s l@s que hemos trabajado en esa empresa nos hacíamos cada día. Días que pasaban en los que yo, como embalador percibía especialmente al ver cómo había días que entraban más productos devueltos que los que salían. Por si lo que veíamos cada día no era suficientemente inquietante, el pan de cada día venía aderezado con la rumorología continua de los oscuros movimientos que los peces gordos de la empresa se traían entre manos.Mi salida de la empresa estuvo motivada por el anterior ERE. Había entrado a trabajar allí a través de una ETT y reconozco que mi estancia allí fue una de las claves para formar la persona que soy, gracias al turno de mañanas que me ofrecieron, y la posibilidad que me daban de hacer horas extras a la que me acogí cuando mis estudios lo permitían, pude sacar adelante el Grado Superior que ha motivado que hoy pueda trabajar en lo que siempre había querido: la informática. Gracias a la situación de paro que pude disfrutar por mi salida forzada de la empresa que el ERE motivó pude centrarme en la recta final de mis estudios y sacarlos adelante teniendo tiempo suficiente para poder hacer las prácticas sin necesidad de compatibilizarlas con un trabajo, algo que hubiera sido realmente complicado.
Por eso estos días se entremezclan en mí sensaciones de tristeza a la vez que de agradecimiento hacia una empresa que siempre me dejó la puerta abierta a volver, incluso se ofrecieron para contratarme como informático cuando tuviera el título en mis manos.
Sé que algun@s de mis ex-compañer@s no lo van a tener fácil y me duele pensar en lo que les viene, pero también sé que terminarán saliendo adelante y encontrarán algún lugar en el que no tengan que vivir cada día pensando si mañana se acabará todo. Les deseo toda la suerte del mundo.
Hoy, no puedo dejar de pensar en ellos cada día cuando paso por delante cuando me dirijo a mi trabajo actual.













